Después de dos años, de un mes de puras idas y vueltas, de indirectas de vernos que no concretaban; las ganas y la necesidad de vernos, ya no se aguantaban.
Yo necesitaba verte y estar con vos, hablar cara a cara, reírme, pasarla bien con vos, que me hicieras feliz al menos por un par de horas.
Entonces se nos dio, fue esa linda tarde del 14 de agosto de 2013. Nos encontramos, solos por primera vez, en la Plaza del Maestro.
Puedo decir, con total seguridad y alegría, que a partir de ese día empezó todo, o más bien, re-empezó todo.
Yo estaba nerviosa, pero él también, nos vimos y nos saludamos con un beso en la mejilla. Los dos tímidos, no sabíamos como acercarnos, pero igual lo hicimos; porque sabíamos que era nuestra oportunidad, que no teníamos que dejarla pasar; que ésta vez iba a ser en serio, y para siempre.
Después de un tiempo de nervios y tensión, nos soltamos un poco más, nos hicimos reír el uno al otro, nos divertimos, nos acercamos, nos dimos un beso. Y así pasamos la tarde, entre charlas, risas y besos, se nos pasó la hora. Y creo yo, que en ese momento ninguno quería irse, los dos queríamos que ese momento durara para siempre.
Volvimos a nuestras casas, hicimos el camino de vuelta juntos y cuando llegó el momento de separarnos, nos despedimos con un beso. Al llegar, nos hablamos, nos agradecimos por la tarde, coincidimos en lo lindo que la pasamos, y en que había que repetirlo.